- junio 19, 2018
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Agradecemos al Dr. Marcos Giménez Zapiola, especialista en bienestar animal a nivel nacional e internacional, por desarrollar este artículo de valor para Asi Ganadero.
Temple Grandin, con el gran poder de síntesis que la distingue, sostiene que los problemas del trabajo con el ganado tienen tres causas: el mal temperamento del ganado, el mal manejo humano y las malas instalaciones.
Hay que refugar al animal difícil de manejar
Mi primera recomendación, en mis presentaciones sobre buenas prácticas de manejo del ganado, es sacarse de encima los animales problemáticos. Es algo bastante sencillo de hacer, porque ellos “se marcan solos”, para usar una expresión futbolística muy atinada. Por lo general, son un porcentaje muy bajo de cualquier rodeo o lote de vacunos.
El ganadero sabe (pero no siempre tiene conciencia de la importancia de este saber), que un solo animal agresivo o individualista complica cualquier operación de manejo, en especial el embarque. Ese animal es el que rompe las instalaciones, desarma los cepos, salta hacia afuera, y lo peor, atropella y lesiona a las personas. Si se descartan los pocos individuos problemáticos, el resto adopta rápidamente una conducta dócil.
Lamentablemente, esto no se hace, o solamente se hace en una escala mínima (por ejemplo, en cabañas de avanzada, que entienden la necesidad de eliminar la genética arisca de sus planteles). Si la empresa no da este primer paso para facilitar el trabajo, es difícil que el personal se sienta motivado a cambiar su manejo.
Hay que corregir el mal manejo
El manejo humano es la segunda causa de los problemas en el trabajo del ganado. El manejo tradicional se basa en el ejercicio de la violencia, lo que naturalmente genera una reacción de lucha de parte del ganado. El uso de la violencia contra los animales tiene diversos orígenes, y no cabe atribuirlo solamente a la personalidad sádica o primitiva del personal.
Es posible que el trabajo violento favorezca una selección de personal adecuado al mismo, donde prime la prepotencia y la competencia para ver “quién es más macho”, es decir, quién es más brutal en el trato del ganado.
Pero también es posible que el descuido empresario por la selección del ganado y por las instalaciones donde se trabaja fomente en el personal una actitud violenta hacia los animales a su cargo. El maltrato como desahogo se manifiesta frecuentemente cuando algún animal sufre un percance a consecuencia de su enojo, lo que suele generar risas y burlas en el personal (y no preocupación).
Para mejorar la calidad del trabajo no basta con prescindir del individuo más violento, como sucede con los animales. En general hay que cambiar mucho más que una o dos personas “recalcitrantes”, porque la mayoría de los trabajadores ganaderos adhiere a esa forma de trabajar.
Hay que contar con instalaciones adecuadas
Por último, las instalaciones. Son una ayuda muy importante para la adopción de buenas prácticas de manejo del ganado, y también son una gran señal de la empresa hacia el personal, ya que brindan una prueba concreta de la disposición gerencial a poner recursos para mejorar los sistemas de trabajo. No se puede basar la decisión empresaria de mejorar el manejo del ganado pura y exclusivamente en el aporte del personal. No se puede trabajar en el siglo XXI con corrales diseñados para la ganadería de hace 100 años. Todos deben cambiar para que el cambio se institucionalice.
El primer error a evitar, en materia de instalaciones, es la idea de que hay algunas que son mágicas, y que bastará comprarlas para mejorar instantáneamente el manejo. En esto, los fabricantes tienen a veces su cuota de responsabilidad, porque promueven sus productos como garantía de buen manejo: “instalaciones diseñadas para el bienestar animal”, o “conforme a normas de bienestar animal”, son frases frecuentes en los folletos publicitarios.
No es así, no hay instalaciones ni diseños que garanticen el buen manejo del ganado. Por modernas que sean las instalaciones, si los animales son temperamentales, el personal hace un culto de la guapeza y el manejo es violento, lo más probable es que el ganado sufra innecesariamente, que el personal se vea sobreexpuesto a riesgos laborales, y sobre todo, que las instalaciones se dañen más de lo necesario. Tampoco se puede trabajar en instalaciones del siglo XXI como se trabajaba hace 100 años.
Conclusión
Las buenas prácticas de manejo del ganado se sustentan sobre los tres factores señalados por Temple Grandin: buenos animales, buen personal y buenas instalaciones.
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Hay rodeos y rodeos, razas y razas, tuve la oportunidad de trabajar muchos años como inspector de campo para asociaciones de criadores de razas índicas y en campos del norte, norte de Santa Fe, Córdoba, Chaco y los animales descriptos en el primer párrafo a veces, son muchos, y no se pueden refugar tantos por este temperamento.-
Si trabajar con instalaciones adecuadas, bretes altos, toril con tamaño y forma adecuada, etc., y fundamentalmente con gente capacitada que trabaje de acuerdo a las buenas practicas.-